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Granja Integral La Esperanza

Proyecto de producción piscícola, agrícola y avícola La Granja Integral La Esperanza se encuentra ubicada sobre un lote de terreno en la vereda Puerto Niño a 10 minutos del casco urbano del municipio de Puerto Boyacá, con una extensión de 2 Hectáreas, 600 metros cuadrados. Fue un aporte dado en comodato por parte de la alcaldía municipal en cabeza de alcalde de la época, Hernando de Jesús Muñetón Bustamante (2008 - 2011). El terreno era un lodazal, el cual en época de lluvias se inundaba completamente; el panorama no era muy bueno, el fango llegaba al cuello y estaba plagado de serpientes, babillas e insectos. No contaba con servicios básicos como agua potable, luz y alcantarillado. Sin embargo, el grupo de valientes mujeres que lideraron este sueño no echaron pie atrás. Para ellas, este era un gran logro y el primer paso para avanzar con su proyecto productivo. Aceptaron el terreno con alegría y la esperanza de que con su esfuerzo y dedicación lo transformarían en un lugar acogedor y productivo, el cual sería la base para mejorar la calidad de vida de cada una de sus familias. La adecuación del terreno tomó un año. Lo primero fue lograr rellenar el sitio, adecuar el primer estanque de peces y construir una bodega para herramientas e insumos. Estas construcciones se lograron con aportes del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y el Programa Desarrollo Para la Paz del Magdalena Centro (PDPMC). Después de recibir este primer aporte de capital semilla, se dio inicio a una serie de trabajos, construcciones y adecuaciones que permitieron hacer de aquel terreno desolado una granja productiva, gracias a la gestión de la presidenta de la asociación Granja La Esperanza, la señora Estella Urrego, los aportes de socios y socias del proyecto, y de entidades como: INCODER, SENA, PDPMC, MANSARROVAR, ASOREGAN, FEDEGAN, UMATA, CONCEJO MUNICIPAL, entre otros. “No ha sido fácil, pero gracias al trabajo arduo y colectivo de los miembros de la asociación y a los aportes recibidos se ha salido adelante” así lo señaló la señora Estella Urrego. Actualmente cuentan con la casa del granjero, un galpón con capacidad para 200 pollos de engorde, un patio con gallinas criollas, un estanque con capacidad para 2.000 alevinos, 4 estanques con capacidad para 720 alevinos cada uno (estos se construyeron con recursos propios). En el año 2018 se construyeron 3 lagos más, dos de 5.000 alevinos cada uno y el otro con capacidad para 3.000 alevinos. Para un total de 8 estanques en producción escalonada que les permite ser constantes y cubrir pedidos en todo momento. Por su parte, la bodega y el cuarto de manipulación del pescado fueron construidos con aportes de los socios y socias del proyecto. La Granja La Esperanza ha alcanzado otros logros, como ser nombrada granja demostrativa por parte del SENA y la alcaldía de Puerto Boyacá. Por lo que tiene constantes visitas de estudiantes de colegios rurales, urbanos y de aprendices del SENA. Actualmente la granja está sacando al mercado producción de mojarra roja y cachama de excelente calidad; también, le han dado cabida provisional a un proyecto de la comunidad afro, que es un galpón de gallinas ponedoras el cual fue instalado dentro del terreno de la granja por parte de la alcaldía municipal y la UMATA. La proyección de esta asociación es además de ser un centro de producción avícola y piscícola, ser un lugar turístico que fomente la recreación y el deporte a través de la pesca deportiva. En este momento cuenta con una participación en el corredor turístico que se está implementando en la región, esto se ha logrado en alianza firmada con la alcaldía y el comité turístico de Puerto Boyacá; a la fecha la granja viene prestando el servicio de alimentación, motivo por el cual se proyecta realizar algunas mejoras en el lugar para prestar un buen servicio a los turistas y demás visitantes.   ___ Lindaly Giraldo Marroquín Mesa Occidente de Boyacá  - Puerto Boyacá, Boyacá
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Cabañuelas de 2019

Los mayores acostumbraban a registrar el clima de cada día del mes de enero para predecir el clima que haría en los 12 meses del año. Esta práctica ha venido en desuso por los severos cambios climáticos que hemos experimentado en los últimos 50 años. Yo me he puesto a pensar en unas cabañuelas políticas para el año, basándonos en lo que ha acontecido en el mes de enero. Las predicciones son muy preocupantes. Empezamos el año con un atentado terrorista por parte del ELN a la Escuela General Santander, que cegó la vida de más de una veintena de cadetes colombianos y extranjeros, en un acto irracional que enterró las posibilidades de paz con ese grupo guerrillero, ahuyentando el sueño de los colombianos de gozar de una paz completa antes de terminar esta década. Y en río revuelto, ganancia de pescadores. Inmediatamente los detractores del proceso de paz con las FARC saltaron a criticar agriamente el proceso, y a anunciar las soluciones militares como las definitivas, con lo cual podemos prepararnos para tener al menos otros 30 años de guerra interna en nuestro país. La terquedad campea en ambos lados: por parte del gobierno, al insistir en la idea de que solo se sienta a negociar cuando la guerrilla deje de hacer la guerra. Precisamente las negociaciones se hacen para llegar a ese objetivo, no como condición para empezarlas, y por parte del ELN en pensar que en razón de las negociaciones de paz con ellos se va a producir una transformación en casi todos los aspectos de la vida nacional, cuando en realidad lo que se espera es que lleguen a un acuerdo de paz, dejen de producir muerte y permitan que la sociedad civil sea la protagonista de los cambios que requiere este país para hacer duradera la paz. Por eso para la sociedad civil que quiere la paz en Colombia es imperativo presionar al gobierno y a la guerrilla para retomar el curso de los diálogos, llegar a un acuerdo y terminar para siempre esta parte de la guerra. Como programa de desarrollo para la paz nuestro deber es alzar nuestra voz para que las dos partes se sienten y no se levanten hasta que tengan un acuerdo para mostrarle al país. No podemos quedarnos quietos ante el desastre que parece avecinarse, el de la continuidad de una guerra que nos ha golpeado inmisericordemente durante tantos años, y todo por la incapacidad de los actores enfrentados para entender cual es la verdadera naturaleza de un proceso de paz. Adenda: las grandes potencias se aprestan para disputarse las inmensas reservas petroleras de Venezuela. Los unos envían aviones con capacidad atómica, los otros muestran notas preparando el envío de tropas a Colombia. Como quien dice, para apagar el incendio se prepara gasolina; y esa guerra utilizará nuestro suelo para abastecerse. Hay que hacer un llamado a la sensatez y a la paz.   ___ Javier Moncayo Plata Director Ejecutivo - PDPMC
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