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El dilema de ser jóven


Cuando se me pide trazar un perfil de los jóvenes de hoy, cierro los ojos y me pregunto ¿Quién soy yo? Una respuesta difícil de presentar. No hay verdades absolutas, el conocimiento depende de la idea de verdad que cada uno tenga, así que acentúo a los jóvenes como seres influenciados por movimientos ideológicos, orígenes culturales e incluso generalizaciones sociales, personas entre los 14 a los 28 años, con la necesidad de ser autónomos, que buscan responder a la pregunta ¿Quién soy yo?

Los jóvenes ya no están ligados a tendencias precedentes de la historia. Andan en búsqueda de la verdad, pero al no encontrarla, la buscan en su interior, se vuelcan al individualismo que conduce al aislamiento, pierden sus vinculos sociales en un mundo de redes sociales, un fenómeno que es ampliamente alimentado por la psicología mediática, por el universo virtual, creado por los videojuegos y la internet.

A menudo un joven expresa el deseo de creer en sí mismo. Quiere liberarse de las dudas de la existencia, del miedo ligado a la idea de un compromiso afectivo y  sienten la necesidad de ser apoyados cuando se enfrentan a la realidad. ¿De qué realidad estamos hablando? Iré contentastando a medida que voy resaltando las manifestaciones de los jóvenes, pues presentan una notable fragilidad, aunque permanezcan abiertos, disponibles y generosos.

Lo anterior  inclina a vivir en un mundo imaginario, por eso la necesidad del acercamiento lúdico a la vida, relaciones verdaderas, experiencias que enriquezcan lo afectivo y lo intelectual en su personalidad, ganando una respuesta certera para su duda sobre la realidad, comprendiendo que es una construcción social, como los jóvenes.

La vida afectiva de un joven se compone por muchas dudas y confusiones, como en la identidad, los sentimientos, el sexo y la familia. Comienzan a distinguir entre una fuerte amistad y una atracción. Se mantienen cerca de todo tipo de sensaciones, pues son susceptibles a ser manipulados, solo creen en lo tangible, lo verídico, lo que perciben. Como los que han probado alguna droga, en vez de decir “pienso luego existo” afirman con su comportamiento “experimento, luego estoy calmado”.

Algo tan sencillo es decir “estos jóvenes están jodidos”, pero los jóvenes no son el problema, la dificultad es la nueva generación de padres. Sin generalizar, los padres de hoy construyen una realidad paralela para sus hijos, desde la infancia la educación contemporánea prepara seres apegados, y aunque algunos lo nieguen, produce seres dependientes. Después, en la adolescencia, intentan desarrollar lazos de dependencia con un grupo o una pareja, se designa como economía afectiva, pasan del apego de sus padres al apego por otra figura, tienden más a una expansión narcisista que a un verdadero desarrollo personal.

Uno de los dilemas de la sociedad, y por supuesto del joven, es hacerlo crecer demasiado rápido, enseñándoles hábitos desiguales para su edad, propaganda, fanatismo, incitándolos a tener comportamientos de adultos cuando aún no tiene las competencias mentales ni físicas para asumirlos, por esta razón es común ver jóvenes con estados depresivos. Pero, esto lo contrarresta los espacios que la modernidad puede generar a los jóvenes, espacios donde ellos pueden manifestar sus pensamientos, siendo protagonistas de la construcción de su propia realidad.

Jóvenes… ¿Qué debemos hacer con este dilema? ¿Deberíamos ligarnos a la sociedad, diseñar nuestra propia experiencia, construir la realidad, la realidad juvenil? ¿Quizá enamorarnos y ayudar al otro, soñar, lanzar nuestros corazones, tener más estrategias que ideales, buscar el sentido de nuestras vidas para… ser felices?

 

 

Luisa Bermúdez Ospina

Mesa de participación de niños, niñas y adolescentes de Manzanares.


Autor:
PDPMC
Fecha de publicación: 28/Feb/2018

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